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La Coctelera

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23 Octubre 2009

Mil Espadas, el juego de los roles

La misión parece sencilla: por orden del rey de Skäld -poeta vikingo escandinavo-, Troll, un temido miembro de la raza antropomórfica de dicho lugar, debe acabar con todos los invasores, pero la respuesta es no. Los "demonios", como él les llama, deben mantenerse cautivos. De repente hay una mancha negra, debido al color de sus camisetas, que amenaza; la batallada ha comenzado. El clan de los vikingos del siglo X y el de los japoneses del siglo VXIII, comienzan a defender sus ideales. Se miran entre ellos hasta que uno de los guerreros se arriesga: un fuerte movimiento con su espada, sentencia el primer golpe y allí todos están a la defensiva, corren, se atacan y se quejan del fuerte espadazo que algunos de ellos reciben.

Esto no es la descripción de un momento clave de alguna de las películas que por estos días se estrenan, esto hace parte de la cotidianidad del juego Mil Espadas, mediante el cual un grupo de 20 a 180 jóvenes, se reúnen todos los sábados en el parque Monumento al Obrero, de la Villa de Aburrá, para combinar emoción y fantasía, trasladándose a épocas medievales con personajes que sólo en la ficción pueden existir. Su método de defensa es el uso de espadas y de identidades, que al parecer los hacen sentir superiores y los cargan de fuerza para derrotar al del clan contrario.

La cita de cada ocho días, llega vía electrónica a través de la página que tienen en la red social de Facebook. Cada uno de los miembros de los cuatro clanes que existen en el juego, debe preparar su indumentaria y llevar lo necesario para que el día de batalla pueda simular el lugar al que pertenecen. Se les permite el uso de máscara, donde priman las deformes, de nariz tipo bruja y una que otra cicatriz; la ropa que en su mayoría es negra, y sobre todo, el uso de espadas, que se convierten en su arma más letal, en su protección. Éstas se suponen han sido diseñadas para no hacer daño, pero en algunos casos ocurren incidentes que aunque no son graves, sí asustan un poco.

"Llevo cuatro años dentro del juego desde que lo conocí en la Feria del Libro. Me he sentido muy bien porque lo disfruto y por el buen trato que recibo. He tenido accidentes, pero ninguno que lamentar, pues el juego es violento pero se controla", afirma Moratrix uno de los jóvenes participantes que prefiere ser llamado por su seudónimo del juego.

Con respecto a esto, los muchachos son tranquilos pues para ellos los seudónimos sólo se utilizan dentro del juego con el fin de no confundirse con los nombres reales, pues en un grupo tan grande, es común que existan varias personas con igual nombre. Esto lo respalda Lucas Gómez, quien afirma que constantemente se les recuerda a los participantes que van desde los diez años en adelante, que deben tener presente la diferenciación de la fantasía y la realidad en la que ellos viven. El uso de nombres sólo deben ser implementados por el tiempo que dure la batalla, después de eso, volverán a llamarse Andrés, Carlos, Juan, Laura o Manuela.

Según María Cristina Machado, psicóloga egresada de la UPB, actualmente estamos viviendo la época de la trasparencia; una época donde lo que antes era privado es ahora público, y en ese afán de proteger las debilidades que por naturaleza el ser humano tiene, crea formas de protección como el asumir roles o nombres diferentes por determinado tiempo, para crear una especie de máscara o barrera con la sociedad, a fin de mostrar su verdadera identidad.

Esto podría considerarse uno de los problemas que tiene el juego, y es la imagen que proyectan en quienes los ven. Pues al ser un juego por naturaleza violento, hace que las personas que transitan por el lugar prefieran no mirarlos y se hagan una imagen vaga de ellos. "Me parecen muy violentos, prefiero no pasar por el parque cuando ellos están. Sus pintas no me gustan", dice Nohemi Palacio, quien camina los sábados por el sitio. Para ellos esto no es inconveniente, pues jamás han tenido problema alguno con la gente y respecto al tema son indiferentes: "De la gente no nos preocupamos, pues algunos son ignorantes y no conocen el verdadero significado del juego. Se basan sólo en la imagen, pero es por ignorancia básicamente", dice Juan Pablo Rivera, miembro del juego y encargado de la innovación del mismo.

Una vez la gran mayoría ha sido derrotada, se dan cuenta de que el rey ha sido una de las víctimas. La batalla ha culminado.  Un fuerte aplauso por parte de todos se oye, hay risas, abrazos y encuentros de manos que felicitan y entre ellos dicen si fue buena o no y hacen un resumen de los momentos más impactantes. Mientras lo hacen, descansan y van recogiendo los objetos utilizados que están en todo el parque. Se sientan como grupo que son y las máscaras comienzan a desaparecer, ya la noche está presente y las luces de las calles poco o nada permiten ver las caras de ellos con exactitud. Un sábado más ha culminado para Mil Espadas, ahora todos volverán a su vida de estudiantes o de profesionales, serán nuevamente ingenieros, filósofos, sociólogos, historiadores o diseñadores.

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GASANA

GASANA dijo

Que buen estilo para escribir, me gusta mucho. Apesar de que no me interesan muchos los juegos de roles y los temas afines, el primer parrafo atrapo mi atencion, me gusta lo pausada y descriptiva que puede ser en cada uno de los parrafos, ademas me gusta la coherencia con la que escribes.......

24 Octubre 2009 | 01:04 AM

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Medellín, Colombia
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Llegué a este espacio hace un año casi. Lo hice para un trabajo final de una materia de colegio. Ahora, ya graduada y estudiante de Comunicación Social y Periodismo, veo la necesidad de seguir interactuando por este medio. "Escribir", es mi espacio, mi lugar, el cual comparto con ustedes lectores, para que se diviertan un rato y me nutran con sus comentarios.

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